La tía Leonor…

Cuando los años pasan, de manera repentina, te das cuenta que van dejando huella en tu inconsciente y se crean impulsos de conciencia, que descubres la necesidad de volver a tus orígenes, es así como llegue a casa de la Tía Leonor.

Fue así como me nació la inquietud de visitar la Estacada, un pueblito situado en la sierra de Guerrero, por el rumbo de Tixtla y Chilapa muy cerca de Chilpancingo. Sin pensarlo mucho, un domingo muy temprano, decidí organizar una salida familiar a ese lugar que años atrás, habría dejado recuerdos de todo tipo en mi infancia, en donde puedo decir que corrí, brinque y jugué alegremente.

Al escribir esto me pregunte ¿Qué me llevó a ese lugar? Tal vez fue la nostalgia de los años y la curiosidad de saber qué había quedado de todo aquello que un día había conocido y que mis padres seguían visitando muy a menudo. Mi sorpresa fue grande, ya que el lugar había evolucionado al pasar de los años sin perder su esencia rústica y campirana, ya contaba con calles pavimentadas y las casas ahora eran de construcción firme y no simplemente de adobe y teja.

Creo que simplemente mi visión de las cosas habían cambiado de perspectiva y disfrutaba más el paisaje que retrataba una naturaleza con un resplandor único que sin duda te invitaba a crear nuevos recuerdos.

El lugar era calmado, tranquilo y libre de todo bullicio, te permitía disfrutar los sonidos de la naturaleza en medio de una paz solitaria, alejada de la civilización urbana. Mi primera impresión fue de curiosidad y nostalgia, poco a poco me decidí a tomar algunas fotos del lugar mientras se organizaba el almuerzo, camine entre las casitas del lugar y cada espacio me representaba inspiración,

Sorpresivamente descubrí, en un cuarto a medio terminar, a una señora de aproximadamente 80 años de edad que estaba sentada a la mesa, sola y pensativa. Fue el momento en donde me vinieron recuerdos de mi infancia y me di cuenta que era la Tía Leonor de la que tenia muchos años sin saber.

Tenia la mirada fija y perdida en sus pensamientos mientras disfrutaba un atole de arroz. Me di cuenta que se sorprendió un poco con la visita, me senté junto a ella y decidí hacerle platica mientras el tomaba algunas fotografías.

Hola tía ¿Cómo estas? ¿Me recuerdas? En ese momento no sabia si me recordaría, ya que la última vez que la vi, tal vez yo tendría no más de 13 años de edad aproximadamente, tranquilamente me miró y me comenzó a platicar teniendo de referencia a mis papás y los recuerdos que tenía de ellos en visitas anteriores, así que me di cuenta que si me ubicaba de una forma u otra.

Entrada la plática, llevado por la curiosidad, decidí preguntarle que recordaba de su juventud y me sorprendió con anécdotas que la marcaron de por vida, situaciones donde podría verse un gran matiz de sentimientos encontrados, su narración era perfecta y descriptiva, la anécdota que mas llamó mi atención fue una en donde perfectamente describía como su padre era una persona autoritaria y en extremo celosa, tanto que le espantaba a los pretendientes, cito una escena en donde la descubrió platicando con un maestro que la buscaba mucho y al ser sorprendidos, este sacó el machete para asustarlo y correrlo de la casa, podría sonar chistosa la escena, pero para ella fueron escenas que la marcaron de por vida.

Me contó como la única fotografía de su madre había sido toda una odisea ya que era de las que pensaba que una foto le robaría el alma, ella le rogó para que se dejara fotografiar con el simple hecho de que era la única manera de que algún día fuera recordada por toda la familia, la hora del almuerzo había llegado y fue cuando decidí dejar la charla y mostrarle las fotos que le tome. Sólo me dijo que era una buena forma de no olvidarme de ella y de aquel momento en que nos reencontramos, el tiempo pasó volando y después de un rico almuerzo con carne asada y tortillas hechas a mano en cocina de leña decidimos salir a visitar el mercado campesino de Chilapa y caminar un rato por el pueblo, una experiencia que ya les contaré en otro #InstanteUrbano

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