Juan José barredor de recuerdos

En el zócalo del puerto de Acapulco, así como en el de muchos otros lugares del mundo, existen historias que no somos capaces de imaginar y mucho menos a observar a sus protagonistas, muchos de ellos habrán sido víctimas de las circunstancias, otros victimarios que encontraron algún escarmiento a sus actos, sólo ellos saben su propia historia.

Una tarde de tantas, me detuve a observar a un señor de no más de 60 años que hacia la limpieza impetuosamente, en un espacio no mayor a los 4 metros cuadrados en pleno jardín del zócalo de Acapulco, barría la basura cercana y eso me hizo pensar que se dedicaba a limpiar el lugar como parte de su trabajo cotidiano, hasta que me di cuenta que algo estaba mal, para mi sorpresa al recoger la basura barrida la tiraba dentro de las jardineras, eso fue lo que más llamo mi atención, lo que hacía era limpiar el espacio que habitaba o preparaba para dormir, comer, fumar etc., por un momento eso me llevó a sentarme frente a él y observarlo a través de mi lente, después de hacer su limpieza se sentó y saco un cigarrillo de su chamarra sucia y vieja, espero el momento exacto para pedir un cerillo a algún fumador cercano; mientras fumaba su cigarrillo noté que algo pasaba por su mente, ya que tenía momentos en los que se quedaba muy pensativo, reflejo de su mirada nostálgica y solitaria. La gente que pasaba lo observaba y él sólo cruzaba miradas, en un instante aprovechó para ofrecer un pan a una niña que vendía chicles, y que al mirarlo detenidamente lo rechazó, él no tuvo otra opción que seguir guardando el pan en una bolsa dentro de su chamarra.

Me pregunté que pasaría por su mente, que historia habrá vivido, ese fue el momento en que me descubrió detrás del lente de mi cámara. Me levanté, caminé, me senté junto a él y fue cuando conocí a José Javier, contador de profesión y vagabundo por azares del destino, perdió su fortuna y familia por culpa de una adicción que lo llevó a quedarse con una escoba por compañía y con la que pretende barrer sus recuerdos más profundos.

La vida da un millón de vueltas y pocas veces el destino nos permite coincidir en tiempo y espacio con personajes que lo han tenido todo, y que ahora viven historias de desgracia, algunas de ellas nunca son contadas otras tantas son jamás escuchadas y es ahí cuando nace mi necesidad de documentarlas a través de RetratoUrbano

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